
Vivir y mirar el presente
Aceptar el presente tal como llega puede convertirse en el camino más concreto para descubrir una compañía que sostiene y abraza.
Diez años atrás, en el dos mil dieciséis, me caí y me fracturé la mandíbula realizando un ejercicio en la clase de Educación Física. Allí, junto a mis papás, comenzó una peregrinación por médicos y especialistas que me ofrecían distintos tratamientos y la opción de hacerme una cirugía maxilofacial a mis veinticuatro años, o sea ahora. La operación estaba prevista para el treinta y uno de marzo de este año. Me preguntaron: ¿Querés hacértela? Yo veía muchas razones para hacerla, entre ellas los beneficios en mi salud física. Sin embargo, tenía mucho miedo y preguntas sobre su resultado, por más que los médicos aseguraran un buen pronóstico. Compartía todas estas preguntas con mis amigos En el movimiento aprendemos a vivir y compartir en la comunidad y, aunque por personalidad esto me cuesta y me reservo preguntas o vivencias, en este momento de prueba me resultaba importante contar con amigos y familia. Compartir con ellos todo lo que estaba viviendo me ayudó, por ejemplo, a comprender que Jesús en el Huerto de los Olivos también lloró y tuvo miedo, y al final dijo: “Hágase Tu voluntad”. De camino al hospital y con el corazón sereno le rezaba a Jesús: “Enséñame a pedir: hágase tu voluntad”.
Ahora, luego de varias semanas, reconozco que fue y está siendo un proceso en el que Jesús me lleva de la mano. Antes de operarme, le escribí a mis amigos y familia que rezaran por mí y que vinieran a visitarme. Las primeras tres semanas venía cada día una persona distinta a mi casa, y aún ahora recibo mensajes preguntando cómo estoy, o diciendo: “estamos rezando por vos”. ¡Amigos que no creen y que en este tiempo prendieron velas por mí! Aún estoy en casa y sigo haciendo mis actividades de manera virtual, también las de la vida del movimiento. Me nació la pregunta: ¿Cómo puedo participar estando en casa o en cama? ¿Cómo acompañarlos a ellos también? Cada persona que me visitó vino con la necesidad de conversar cosas muy personales. Y me encontré sintiéndome más amiga de mis amigos por compartir preguntas e inquietudes sobre lo que más nos acucia en la vida. En una ocasión, una amiga me mostró los videos del Via Crucis y me dijo: “pedimos por vos”. Me emocioné profundamente al escucharlos cantar y verlos caminar, me sentía presente aunque no hubiera estado físicamente ahí. Es como si Cristo me dijera: “tranquila que no tenés que evadirte de la realidad del presente para vivir la comunidad, ni para vivir el movimiento”. Me dí cuenta que la cuestión no era vivir un Vía Crucis por video o participar por Zoom de una escuela de comunidad. No era ese el problema. Sino que se trataba de vivir el presente que en este momento me toca. Vivir el presente siempre es la respuesta más adecuada.
¡Con qué paciencia el Señor, tierna y apasionadamente, me fue enseñando a mirar mi presente y mis circunstancias como el lugar donde puedo encontrarLo y reconocerLo!.