
Estos días vi un pueblo cierto y alegre.
Cuando lo cotidiano se vive en comunión, incluso un asado entre amigos puede revelar la relación entre cada instante de la vida y la inmensidad del cosmos.Cierto de haber encontrado un tesoro y de haber sido inmerecidamente llamado a gozarlo, custodiarlo, hacerlo crecer y compartirlo.
Vi también que crece en este pueblo un ardor misionero, ¡que nuestra vida sea Misión! Es decir que sea conformada, convertida a esta gracia. Y esto sucede a medida que verificamos una y otra vez que nuestro Dios es fiel y que no nos abandona y cuánto nos corresponde la vida que nos dona con Su gracia!
Un Dios que es tan real que nos cambia. Que no nos abandona a nuestras medidas y problemas, a nuestras reducciones y comodidades, a nuestras divisiones, mentiras y pecados…¡nos salva!! siempre una vez más, ante nuestros corazones y nuestros ojos deseosos de ver y volver a gustar la vida que nos dona y nos hace respirar, creer, confiar y esperar.
Un pueblo cierto de que en este lugar, en esta amistad, en esta comunión, sucede “Algo” que la supera pero la necesita para alcanzarnos, que la “utiliza” para abrazarnos, para guiarnos. Algo, o Alguien, que se mantiene misterioso pero al mismo tiempo se devela en tantos detalles y rasgos inconfundibles…¡esta comunión es sagrada!
Esta “compañía” es el gran signo eficaz de ese Alguien que nos sigue convocando porque tierna y apasionadamente decide necesitarnos. Decide hacernos suyos, comunicarnos su gran secreto para compartirnos y poder así compartir, Su felicidad.
Entonces vi y también experimenté junto a este pueblo, la Alegría de ser enviada, la Alegría de ser Su Iglesia, de ser Su rostro, Sus manos, Sus pies y Su corazón para el mundo entero y para cada uno en este mundo que Lo espera consciente o inconscientemente. Paz en la justicia y Gloria en la Piedad…
¡Que cada día sea un Si al Señor que nos abraza y vuelve fecundo el terreno de nuestro corazón, para que se cumpla Su obra en el mundo: la victoria sobre la muerte y el mal”.

Estos días vi un pueblo cierto y alegre
La experiencia de un pueblo que reconoce en su comunión la presencia fiel de Dios y redescubre la alegría de ser Iglesia enviada al mundoCierto de haber encontrado un tesoro y de haber sido inmerecidamente llamado a gozarlo, custodiarlo, hacerlo crecer y compartirlo.
Vi también que crece en este pueblo un ardor misionero, ¡que nuestra vida sea Misión! Es decir que sea conformada, convertida a esta gracia. Y esto sucede a medida que verificamos una y otra vez que nuestro Dios es fiel y que no nos abandona y cuánto nos corresponde la vida que nos dona con Su gracia!
Un Dios que es tan real que nos cambia. Que no nos abandona a nuestras medidas y problemas, a nuestras reducciones y comodidades, a nuestras divisiones, mentiras y pecados…¡nos salva!! siempre una vez más, ante nuestros corazones y nuestros ojos deseosos de ver y volver a gustar la vida que nos dona y nos hace respirar, creer, confiar y esperar.
Un pueblo cierto de que en este lugar, en esta amistad, en esta comunión, sucede “Algo” que la supera pero la necesita para alcanzarnos, que la “utiliza” para abrazarnos, para guiarnos. Algo, o Alguien, que se mantiene misterioso pero al mismo tiempo se devela en tantos detalles y rasgos inconfundibles…¡esta comunión es sagrada!
Esta “compañía” es el gran signo eficaz de ese Alguien que nos sigue convocando porque tierna y apasionadamente decide necesitarnos. Decide hacernos suyos, comunicarnos su gran secreto para compartirnos y poder así compartir, Su felicidad.
Entonces vi y también experimenté junto a este pueblo, la Alegría de ser enviada, la Alegría de ser Su Iglesia, de ser Su rostro, Sus manos, Sus pies y Su corazón para el mundo entero y para cada uno en este mundo que Lo espera consciente o inconscientemente. Paz en la justicia y Gloria en la Piedad…
¡Que cada día sea un Si al Señor que nos abraza y vuelve fecundo el terreno de nuestro corazón, para que se cumpla Su obra en el mundo: la victoria sobre la muerte y el mal”