Estamos en el camino correcto, hemos conocido el amor

Un imprevisto durante los Ejercicios —una tormenta y una amiga herida— se convierte en el lugar donde se revela una fraternidad concreta y un amor que transforma la fatiga en belleza.
Viviana (Capital Federal - Argentina)

Durante los Ejercicios este año, tuvimos el imprevisto de un temporal muy grande en el cual cayeron 400milimetro de agua en 24h y se cortaron rutas, etc. Ese primer día en que comenzó la tormenta y esperábamos a todos no dejaban de sucederse problemas, habitaciones que comenzaron a llover por dentro, gente varada en la ruta, complicaciones humanas de espacios para dormir, me sentía como violentada por la realidad porque estaba como un bombero apagando incendios, de hecho la introducción casi no pude verla y estuve hasta las 3am esperando personas. Cuando por fin nos fuimos a descansar me costaba conciliar el sueño porque sentía una gran fatiga. Al otro día temprano me vienen a buscar porque una amiga, ya mayor en edad, años se cayó de la cama y no se podía mover. Mientras iba corriendo pensaba “otra vez me pierdo la lección”, pero cuando llegué sin embargo me conmoví, estaba muy dolorida y se lamentaba todo el tiempo la tontería que había hecho y que nos estaba perjudicando a todos, la intentamos calmar con cariño, comencé a llamar la ambulancia, a realizar “mi rol operativo” necesario claro, pero también comencé a ver lo que sucedía alrededor, comenzaron a acercarse amigos, atenderla, salieron todas las profesiones necesarias: una terapeuta que la acomodo en la silla de forma que no sienta mucho dolor, un medico que la revisaba cuidadosamente, amigos que pasaban a verla, le daban de comer en la boca, le charlaban, todos gestos gratuitos de amor. Llego la ambulancia y por burocracia de la salud no podía atenderla sino era de vida o muerte, entonces salió otro amigo y dijo “la llevo al hospital de su ciudad donde cubre la salud” (quedaba a 80km en medio de la tormenta). Yo en un momento pensé “¿qué razones tienen para moverse así?” de hecho razoné para mis adentros “yo ya podría irme a ver la lección, mi tarea termino y no puedo hacer más nada” sin embargo la conmoción que sentía por lo que veía me hizo quedarme hasta acompañarla al auto con un paraguas para protegerla y me surgió decirles “ofrezcamos este momento por los Ejercicios, sino estamos perdiendo el tiempo”, pero no fue un ofrecimiento como para que “el Señor resuelva esto”, sino un ofrecimiento por ver algo que no quería perderme, un amor que quería que permanezca. De hecho luego que la vimos irse nos abrazamos los que estábamos ahí conmovidos por lo que estaba pasando, misteriosamente esta conmoción genera fraternidad, porque aunque nos conocemos los que estábamos ahí no somos cotidianos.
Llegue justo cuando empezaba la 1° lección y todo lo que dijiste me explicaba lo que acabábamos de vivir, creo que nuca estuve tan atenta a una lección como esa vez, y me di cuenta que no podría hacer esta tarea sino está atravesada por esta conmoción. Se lo dije en el almuerzo con los voluntarios responsables de las distintas tareas, podemos quedarnos en el que las cosas salgan “perfectos” o solos resolver problemas, sin embargo no podríamos dar nuestra disponibilidad con tanto esmero sino estuviera atravesada por este amor que recibimos. Para mí fue un antes y un después luego de este hecho, la fatiga comenzó a ser “bella”, me vi corregida con una sobreabundancia de amor.
Cuando Marta llego a destino y ya estaba con su familia me mando un audio, en que se ve incluso el cambio en ella, de la pena que sentía por el error que cometió paso a la gratitud de descubrir gestos de amor a su persona, decía “estamos en el camino correcto, hemos conocido el amor”.