Justicia social: ¿utopía o camino posible para la Argentina?

Durante el primer Encuentro Buenos Aires en Argentina, un grupo de amigos realizó durante meses un trabajo sistemático en un momento decisivo para cada uno. Una experiencia que hizo posible el conversatorio y abrió un camino para seguir dialogando.
Dolores Ruiz de Galarreta

Este conversatorio nació de la inquietud de un grupo de amigos por abordar y sincerar la confusión que se percibe en torno al concepto de justicia social en la Argentina y del deseo de saber realmente de qué se trata.
En este sentido, vimos que nuestro propio camino, desde el comienzo, implicó un trabajo de “desarme”, de desapego de los prejuicios que nos genera este tema. Y advertimos que se trata de un trabajo que debemos volver y volver a hacer. El mínimo instante de desarme nos permite ver que a cada uno de los panelistas los movía el mismo deseo de encontrar un cambio, un bien.



Así lo planteó el moderador, Alejandro Bonet, quien en su introducción, retomó el lema del EBA, manifestando el deseo de poder ver ese bien en nuestro horizonte próximo. “Nos preguntamos algo que nace del deseo de ver renacer nuestra esperanza común, una pregunta que atraviesa nuestra historia y nuestros desafíos actuales: (la justicia social) ¿Es una utopía… o un camino posible para la Argentina?”
Durante el conversatorio, notamos un cambio de actitud en dos de los panelistas, respecto del momento previo en que nos habíamos encontrado. Ambos habían manifestado, implícita y explícitamente, que se trataba de un encuentro imposible. Sin embargo, el diálogo se dio en el mayor de los respetos y notamos que, en lugar de presentar cada uno un bloque con las ideas que traía previamente, hubo discretos indicios de interpelación, es decir, de diálogo. Cada panelista se jugó a fondo, a sabiendas de lo delicado del tema y de la diferencia de visiones de uno y otro.
Esto sólo se explica porque nuestra intención no era convencerlos de nada, sino ponerlos en un encuentro donde cada uno aprendiera algo del otro. Lo que nos interesaba era entender mejor la realidad y esto fue percibido por ellos, lo cual constituyó un inicio de “desarme”, al que todos estamos llamados.



El primer orador fue Mons. Gustavo Carrara, Arzobispo de La Plata y Presidente de la Comisión Episcopal de Caritas Argentina, a quien se le preguntó qué significa hoy lograr la justicia social teniendo a los pobres como sujeto y cómo puede traducirse esta concepción en la práctica.
Mons. Carrara partió de una mirada teológica sobre la Justicia social, subrayando que, en la doctrina social de la Iglesia, la justicia social tiene a los pobres como sujeto, y aclarando que el concepto de pobreza no se limita a la pobreza material, sino que incluye la enfermedad, las enfermedades mentales, la falta de sentido, la soledad y todo tipo de necesidad. Carrara vinculó el concepto de justicia social al de desarrollo humano integral, propuesto por Pablo VI, retomado por Benedicto XVI y profundizado luego por el Papa Francisco, cuya columna vertebral es la propuesta de tierra, techo y trabajo. El desarrollo humano integral es lo que hay que profetizar y realizar. Los pobres, afirmó Carrara, están en el corazón del Evangelio. Y sostuvo que es necesario y urgente que ellos se sienten en la mesa donde se toman las decisiones.
Luego describió el modo en que Caritas Argentina busca responder a los necesitados, privilegiando la escucha, para dar protagonismo a los más frágiles, a través de la sinodalidad, (esto es) que la escucha llegue a las periferias geográficas y existenciales. Los problemas que afectan profundamente a los más frágiles son la falta de trabajo, el trabajo sin derechos y que no alcanza (el dinero) para llegar a fin de mes. La mejor manera de ayudar a los pobres es con trabajo, afirmó citando al Papa Francisco. Otros temas que aparecieron como desafíos fueron el flagelo del narcotráfico, la ludopatía, la falta de sentido de la vida, el crecimiento de la tasa de suicidios y las emergencias climatológicas. Con esto último, el tema de la justicia social se une con un concepto nuevo, que es el de la justicia ambiental.



Le siguió la exposición de Carlos Hoevel -Doctor en Filosofía por la UCA y Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad de Chicago, quien actualmente se desempeña como asesor de Estrategia y Política Cultural en la Secretaría de Educación de la Nación- a quien se le preguntó cómo ha sido, históricamente, la relación entre la sociedad y el estado en la Argentina en torno a la justicia social y cuál es la perspectiva que se vislumbra hacia adelante.
Hoevel puso de relieve la gran complejidad que presenta esta cuestión, no sólo en el país sino a nivel global. Señaló que, actualmente, la justicia social es el tema que encabeza las agendas de los organismos internacionales, pero que, lejos de ir a la raíz del problema, estos organismos y los grupos asociados le dan al concepto un contenido ideológico que responde a intereses particulares. De este modo, ya no se trataría ni de izquierda ni de derecha en lo que a la relación entre sociedad y estado concierne, sino de intereses económicos que captan problemáticas sociales de pequeños colectivos y las elevan a un status ideológico por el cual se convierten en agenda económica. Alertó sobre el uso político-utópico de la idea de "justicia social" -una especie de religión política que deterioró a las clases medias y también a los pobres tanto en la Argentina como en el mundo.
También destacó que, en esta dinámica, juega un papel fundamental el sentimiento de la sociedad, que resulta hábilmente manipulado por estos mecanismos. De este modo, el sujeto se ve favorecido a actuar a partir de la ideología y no de los datos de la realidad.
Como perspectiva, señaló que la esperanza está en recuperar el concepto original y auténtico de justicia social en sus fuentes éticas y jurídicas, contenido en las encíclicas papales, para reconstruir sobre bases sólidas la economía y la sociedad.



El tercer invitado fue el Contador y Magíster en Comercio Internacional, Fernando Bonzi, quien preside la Asociación Cultural para el Desarrollo Integral (ACDI), la empresa Tacural Alimentos, e integra el directorio de Richiger Maquinarias, en la provincia de Santa Fe.
A partir de su experiencia, Bonzi expuso de qué manera se realiza la justicia social en el ámbito empresarial y en las iniciativas que buscan responder a situaciones de exclusión y marginalidad. Comenzó afirmando como premisa el hecho de que su corazón está constituido de las mismas exigencias que el de las personas que trabajan con él. Sostuvo que la clave está en partir de esa primera realidad, que la justicia social no es tanto el problema de proyección de una moral como el de obedecer a la realidad. La realidad de la persona es el punto de partida y dicta el método que puede favorecer su desarrollo personal, sin dejar de lado ninguna cuestión de eficiencia de la empresa, ni de rendimiento.
Para ilustrarlo, presentó dos ejemplos. El primero, de su experiencia como gerente de la empresa Richiger S.A., de venta de maquinarias agrícolas. Expuso cómo, gracias al trato directo con los empleados, lograron para los trabajadores un acuerdo superador del convenio colectivo propuesto por la UOM.

Y como presidente de ACDI, contó la experiencia con una señora productora de quesos de cabra en el monte tucumano. Cuando fueron a verla por primera vez, ella no podía sostener la mirada del interlocutor por la poca autoestima que tenía. Y luego de un proceso de acompañamiento y capacitación a partir del que lograron vender sus productos respetando las normas de procedimiento e inserción en el mercado, tenía otra personalidad y miraba de frente y llena de orgullo por el resultado de su trabajo. Incluso, llegó a viajar a Italia a presentar lo que habían logrado.



Es extraordinario el hecho de poder hablar de justicia social en un ámbito público, con interlocutores de miradas muy distintas, manteniendo un gran respeto.
Estamos llamados a encontrar a estas personas que son líderes en su ámbito y que pueden llegar a tener una brecha entre medio de ellos. El solo hecho de lograr encontrarlos es importantísimo (si uno mira la historia, en el 2001 la Iglesia tuvo un papel preponderante en ese sentido: lograr que se encuentren los argentinos)
Para finalizar, Alejandro Bonet destacó los valiosos aportes que Carrara, Hoevel y Bonzi habían realizado desde perspectivas muy distintas: una pastoral, la otra histórico-política y la última, desde el mundo de la empresa y de la empresa non profit.
Bonet comentó que conocía esta última experiencia de cerca, y subrayó que era fruto de una mirada y una inteligencia de la realidad que solo son posibles a partir del encuentro con alguien que tiene nombre y apellido: JesuCristo, que se había concretado para nosotros en el encuentro con el carisma de Comunión y Liberación.