Compartir las necesidades para compartir el sentido de la vida

La primera Jornada de donación de medicamentos pospandemia fue todo un desafío y una comprobación de que “DonarNos hace bien”
Rita Corigliano

Para los voluntarios del Banco Farmacéutico Argentina la Jornada de donación de medicamentos y productos de venta libre para ayudar a distintas instituciones que se realizó en la ciudad de Buenos Aires y Venado Tuerto del 16 al 23 de octubre fue “un regalo y una fiesta”. Desde la mañana del 16 en C.A.B.A. 38 voluntarios estuvieron disponibles para apostarse en las 17 farmacias e invitar a los clientes que ingresaban a realizar su aporte comprando algún producto de la lista que previamente habían confeccionado los nueve hogares con los que se colaboraría. En la semana se continuó sin voluntarios, siendo los empleados de farmacia los protagonistas. En Venado Tuerto, se realizó desde 14 farmacias, a beneficio de tres hogares. Allí el equipo del Banco Farmacéutico acondicionó las farmacias para que la misma gente de las farmacias invitaran a colaborar, dese el 16 sin voluntarios, y volanteando por distintos lugares, promocionando en radio, y en cuantos medios estaban a su alcance.

La Jornada es la culminación de un proceso que se inicia muchos meses antes, como remarca Silvana “La jornada no es en realidad el “día” de comienzo de la jornada. Hay una gran preparación durante varios meses antes: reuniones del equipo, compras, armado de cajas, planillas, charlas con las entidades, las farmacias y con los voluntarios y muchas cosas más. Un gran esfuerzo de todo el equipo de BF ya que cada uno tiene sus familias y sus ocupaciones. Mucho trabajo y cansancio, incluso por momentos esta sensación de querer tirar la toalla pero la jornada llega y hay que preparar todo”.

Si bien la dinámica es siempre la misma, cada año se renuevan los nervios, las dudas, los temores de abordar a la gente que ingresa a una farmacia con sus propias preocupaciones y es necesaria la apertura a los diversos intercambios que se producen. Están los apurados que ni siquiera muestran predisposición a escuchar y continúan su camino, los que responden un “NO” cortante que pone en juego la mirada aceptante del voluntario, los que escuchan y agradecen la labor pero dejan la incógnita de si han sido conmovidos o no por la propuesta y los que escuchan amablemente y luego hacen una donación. En todos se refleja la sorpresa, el temor, la alegría. “Trataba de comentar a la gente el gesto de la Jornada mientras esperaba a ser atendida por los farmacéuticos, para no molestar.



En una gran ciudad como C.A.B.A. vivimos a las corridas y cuando alguien entra a una farmacia es porque tiene un problema de salud. Oscar siempre nos insiste en tener en cuenta esta circunstancia para ser delicados, para que la persona no se sienta avasallada cuando su preocupación tiene un peso particular” comenta Sonia, quien apenas empezó a contarle a una mujer lo que estaba haciendo, la notó visiblemente perturbada “Me arrepentí de haber irrumpido en su vida, que debía estar atravesada por una situación grave o que a ella la afectaba profundamente. Le pregunté si quería que siguiera hablando porque no quería molestarla. Por un instante lo pensó y me hizo un gesto para que continuara. A medida que le iba contando, en particular cuando le hablé del Hogar al que ayudaba esa farmacia (Albisetti, que alberga a hombres en situación de calle y los ayuda a salir adelante buscando trabajo pero, ante todo, recuperando su propia dignidad como personas) los rasgos de su cara se iban aflojando hasta llegar a una mirada compasiva.” Así, cuando Sonia terminó su relato la clienta no solo accedió a colaborar con un producto sino que agregó dos o tres medicamentos, algo inusual ya que solo excepcionalmente la gente dona más de una unidad y este era el caso. “Lo extraordinario para mí fue: ¿por qué habría de detenerse en la necesidad de otro si era ella la que padecía? ¿qué lleva a alguien a salir del ensimismamiento (justificado) de su propio dolor para abrirse a acudir a otro desconocido que también sufre?” reflexiona. A Silvana le sucede algo similar “En una de las farmacias le hablo a una señora que comienza a escucharme casi con fastidio pero luego me mira y me dice: Pedile a la chica que me está atendiendo que agregue a mi compra $ 2500 para donar varios productos. Y en la misma farmacia más tarde un señor que estuvo mucho tiempo pidiendo miles de medicamentos y firmando órdenes médicas y visiblemente muy necesitado él o algún familiar de todos estos productos me escucha y me dice “Cuál es el producto más caro o si ya está donado hagamos con otros productos el mismo importe”. ¿Qué llevaba a estas personas a donar así para otros que no conocen? Un gesto impresionante de caridad, humanidad y de darse al otro con una simple donación”. Ante las distintas reacciones Ricardo cierra con esta reflexión “La decisión de contemplar la libertad del otro en acción sin pretensiones es interesante. ¡Cómo se pueden tener diversas posturas frente a la misma propuesta!”.

Además de lo que sucede dentro de una farmacia, esta Jornada estuvo marcada por algunas circunstancias externas que desviaron por momentos la atención de los clientes. Cuando Ricardo estaba llegando a cubrir su puesto de la tarde, a media cuadra de allí “había un aglomeramiento de gente: habían atrapado a un ladrón que estaba en el piso tirado en la calle y desde la farmacia eso atraía la atención”. Algo parecido a lo que le ocurrió a Oscar “tuve un mendigo en la puerta de la farmacia durante veinte minutos, borracho, gritando, pidiendo plata, que me hacía la competencia. Mientras yo pensaba: tiene las mismas necesidades que yo, seguro tal vez más, pero...¿en qué nos diferenciamos realmente? Todavía recuerdo su cara perdida”. Para Silvana, un encuentro fortuito se le aparece como un signo de esperanza y confianza “Con muchas preguntas y un poco de incertidumbre me encuentro en la calle con gente que canta y una imagen bellísima de la Virgen de Fátima (a quien le hemos encomendado todos estos años las campañas) que habían puesto en la vereda. La Virgen “me mira” y yo le pido nuevamente por la jornada y para que el encuentro con las personas de la farmacia y el público en general sea un Signo para cada uno. Si algo me había hecho dudar del éxito de la Jornada, este “encuentro casual” me confirmaba que las cosas no dependen de nuestros esfuerzos y éxitos”.

Los empleados también son protagonista de la Jornada: sin ellos definitivamente no sería posible el gesto. “Algunas veces si algún cliente llegaba al encargado de la farmacia y él veía que yo no había podido comentarle le decía ‘Estamos en una campaña de donación ¿querés colaborar? Es con un hogar…’” rescata Ricardo. Los vendedores ofrecen la lista desde el mostrador, otros ayudan a ubicar las cajas y los folletos; incluso alguna farmacia había adquirido productos más económicos , que no comercializan habitualmente, para facilitar las donaciones. Silvana cuenta que una gran ayuda en su farmacia fue Estefanía, una empleada, quien “antes de darles el monto a pagar a cada persona le contaba de la jornada: Hoy estamos haciendo una jornada de donación para el Hogar XXXX que piden estos productos y que usted puede comprar, etc. y la gente la escuchaba y donaba. Si bien ella conocía particularmente el hogar y lo había visitado en varias oportunidades, me impresionaba el ímpetu y el entusiasmo que le ponía para contar a cada uno lo que estábamos haciendo y ella estaba feliz. Me decía “Vamos bien, mirá cuánto donó la gente hoy también”. Después me contó que cada empleado había donado algo porque había que “dar el ejemplo”. Puede parecer simpático pero qué humanidad y corazón tan grandes”, culmina.

Al finalizar la Jornada algo ha cambiado para todos. Para Oscar fue un redescubrimiento. “Nunca creí que participar de voluntario me iba a cambiar la mirada del día, del año, desde antes de la pandemia... Me sentí abrazado por Otro y dije a modo de letanía: Quiero volver a ver así, quiero volver a ver así. ¡Quisiera volver a tener esa mirada cada día! Todo un misterioso Encuentro que me dejaba libre del cansancio, las quejas por mis limitaciones y faltas, mis fatigas, mi fragilidad… Había perdido el sentido carnal de por qué hacíamos este gesto y estaba agradecido, conmovido”. Lo acontecido a Ricardo al final del día resume lo vivido “Volviendo a casa me desvié un poco porque quise pasar por el frente de la iglesia de San Nicolás y luego a la vuelta encontré un mendigo que me dijo que tenía hambre, si tenía comida para darle. Como no tenía, le di una ayuda para que se pudiera comprar algo y seguí caminando pero me dio ganas de invitarlo a comer en la esquina cuando vi que había una pizzería. No es algo que me pase habitualmente pero me fui de la jornada con ese corazón”.

Jorge también cuenta que en Venado Tuerto se vivieron situaciones similares. “Como dice el Papa Francisco: Siempre el Señor nos sorprende y nos primerea". En no más de un mes decidimos llevar adelante la Jornada para beneficiar a cuatro entidades de Venado Tuerto. Muchos eran escépticos por la realidad que se está viviendo pero igual nos lanzamos con el agravante de que integrantes del equipo estaban convalecientes o aislados por COVID. Al cierre de la Jornada vimos que no solamente el equipo, la gente que trabajó con nosotros, los farmacéuticos estaban contentos sino que hemos recibido donaciones importantes en medicamentos y en dinero que sirvió para comprar los faltantes de la campaña. El Señor siempre nos sorprende y multiplica los panes”.
El sentido de la experiencia queda resumido en el testimonio de Sonia “Esta búsqueda y fraternidad se viven, en gestos concretos, no se expresan con discursos formulados teóricamente; nuestras necesidades compartidas generan un movimiento humano de compasión, de cercanía, cuando recibimos como respuesta “Decime cómo puedo ayudar”. El sentido de la vida no lo podemos comprar ni enfrascar (empaquetar) cuando intuimos una respuesta, sino que vuelve a salir como exigencia cuando la vida urge. Escuchar que hay otro a quien también la vida lo aprieta, aunque no se trate de la misma necesidad, nos hermana aunque no conozcamos el rostro de esa persona. Creo que esto nos acomuna en la búsqueda del sentido, la exigencia de que la vida- ahora probada por una falta de salud o bienestar esencial- tenga un significado”.